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viernes, 15 de junio de 2012

23 años después

Durante mucho tiempo, un texto permaneció en mi memoria asociado al psicoanálisis:
"Tome hojas de papel y durante tres días sucesivos escriba, sin falsedad ni hipocresía de ninguna clase, todo lo que le venga a la cabeza. Escriba lo que opina de sí mismo, de sus mayores, de la guerra de Turquía, de Goethe, del proceso criminal de Fonk, del Juicio Final, de todos aquellos que tienen más autoridad que usted... y cuando hayan pasado esos tres días usted quedará pasmado ante el reguero de novedosos y asombrosos pensamientos que han brotado en su mente."
Lo cierto es que el fragmento no luce el más mínimo interés por el "inconsciente", como pudiera parecer, ni es obra de Freud ni de ninguno de sus acólitos; pertenece a un artículo firmado por el periodista alemán Ludwig Börne y publicado en 1823. El texto al que pertenece el párrafo anterior, que sigue con "...Este es el arte de transformarse en tres días en un escritor original." y que pretende proporcionar un método literario novedoso, una receta para convertirse en un buen escritor y escribir de manera original, lleva por título, oportunamente, "El arte de convertirse en escritor original en tres días" y llegó hasta mí en 1989, cuando yo apenas si era un adolescente, en la que sería la primera noticia que tendría sobre la existencia del psicoanálisis y su universo de ficción. Lo leí en concreto encabezando un artículo en la revista "Muy Interesante" (número 100, septiembre de 1989), revista que en la ingenuidad propia de la edad, pensaba que era de divulgación científica; en ese mismo número se incluía un artículos sobre fantasmas y parapsicología: vamos ciencia pura y dura, de la buena, salta a la vista.

El artículo, señalado en la portada y titulado, "Freud, el explorador de la mente", era un exponente modesto de la freudomanía, un rancio canto a las glorias de la pseudopsicoterapia y a sus leyendas, presentando las heroicas aventuras de Freud en el País del Complejo de Elektra, su genialidad incomparable, su visión preclara y transgresora, la grandeza de su gesta, etc, etc. Vamos, las supercherías de siempre, aderezadas con la desinformación ya tradicional y con el también habitual culto a la personalidad. De hecho, juntar en la misma portada una foto de Isaac Asimov, un retrato de Albert Einstein y la referida alusión al artículo en cuestión es todo un insulto a la inteligencia.

Todo esto me ha traído a la cabeza el lanzamiento reciente de una película: "Un método peligroso" de David Cronenberg (2011), sobre dos pesos pesados de la pseudopsicología, Freud y Jung. Recomiendo sobre la misma un artículo titulado "¿Es el psicoanálisis un fraude intelectual?" y con cuyas opiniones coincido plenamente, que se puede leer aquí: http://findesemana.libertaddigital.com/es-el-psicoanalisis-un-fraude-intelectual-1276239671.html

lunes, 21 de mayo de 2012

Encuesta Delphi de 2006

En 2006 la American Psychological Association, una APA que muchos ignorantes confunden con la APA que publica los manuales psiquiátricos DSM empleados en muchas áreas de Salud Mental (la American Psychiatric Association), publicó una encuesta para conocer cuáles eran las terapias más desacreditadas entre los profesionales de la Psicología Clínica. Se puede consultar en http://www.omnibehavioralhealth.com/pdf/delphi_poll.pdf Esta encuesta empleaba el llamado método Delphi y de ella podemos extraer algunas conclusiones interesantes. Del total de psicólogos consultados, solo un 7% profesaba una orientación psicodinámica/psicoanalítica, que ya es mucho. Empleando una escala Likert clásica, se puntuaron del 1 al 5 el grado de descrédito de algunas terapias (1= no del todo desacreditada, 3= posiblemente desacreditada, 5= totalmente desacreditada), obteniendo como medias de interés:
  • Terapia orgónica (de Reich): entre 4'92 y 4'97

  • Terapia primal (de Janov): entre 4'51 y 4'61

  • Teoría psicoanalítica del autismo (de Bettelheim): entre 3'94 y 4'01

  • Programación Neuro-Lingüística: entre 3'57 y 3'87

  • Terapia sandplay (de Jung): entre 3'49 y 3'69

  • Terapia con análisis de los sueños (de Freud): entre 3'65 y 3'67

  • Terapia para la envidia del pene (de Freud): entre 3'62 y 3'50

  • Psicoanálisis clásico para los síntomas psiquiátricos (de Freud): entre 3'22 y 3'10

  • Psicodrama (de Moreno): entre 2'95 y 2'93

  • EMDR (de Shapiro): entre 2'88 y 3'06
Dejando de lado otros factores a tener en cuenta, como lo limitado de la muestra, el aspecto positivo es que vamos por buen camino y al menos una parte importante de ellos no comulga con la mayoría de las terapias ideadas por algún gallifante de imaginación exaltada, incluyendo aparte del ya casi folclórico psicoanálisis otras cosas más exóticas (terapia con ángeles, regresión de vidas pasadas y abducciones extraterrestres, etc). La encuesta se ocupa también de distintas pruebas de evaluación, entre las que podemos encontrar todo un clásico de las pseudociencias, la grafología, actualmente rebautizada como "grafopsicología" y/o "grafoanálisis", nombres que gustan más por parecer más modernos y más científicos pero que ocultan la misma tontería. Pero bueno, siempre hay listos que se apuntan al festín de la estupidez. Espero que lo de la reencarnación sea cierto, así al menos me quedará la esperanza de volver a nacer en alguna época futura en la que la imbecilidad no forme parte intrínseca de la condición humana.

miércoles, 11 de abril de 2012

Psicoanálisis y otros pensamientos totalitarios

La verdad es que siempre me ha llamado la atención la manera en la que el psicoanálisis siempre está con el sol que más calienta. En nuestra época, se presenta como perseguido por el pensamiento único, adalid de la liberación sexual y paradigma del relativismo científico, así de alegremente, como si la gente no tuviera memoria. Sin embargo, tengo la impresión de que a poco que cambiaran las circunstancias, el psicoanálisis encontraría los argumentos necesarios para acomodarse oportunamente a las mismas, todo con tal de no perder el negocio. Desde luego, no sabía que Freud le envió una copia de unos de sus libros a Benitto Mussolini con la siguiente dedicatoria:

A Benito Mussolini, con el cortés saludo de un anciano que reconoce en el soberano al héroe cultural.

Sigmund Freud

Viena, 26 de Abril de 1933.

Igualmente llama la atención que pese a la moto que nos quieren vender los adeptos de este credo, el psicoanálisis no fuera prohibido bajo el régimen nazi alemán, sino antes al contrario: desde la subida al poder de Hitler en 1933, el psicoanálisis sobrevivió y colaboró servil con el régimen. Todo cobra más sentido si nos situamos en el pensamiento del "todo vale", en el que después de todo, los nazis podían ganar la guerra y no era cuestión de enemistarse con ellos, no fuese que luego hubiera que hacer buenos negocios con ellos. Los felices feligreses afirman sin problemas que Freud fue perseguido "en su condición de judío y fundador de la escuela psicoanalítica", y se quedan más anchos que largos, sin embargo solo es cierto lo primero, el régimen nazi era antisemita, no anti-pseudociencia.

En 1933 la ley de "arianización" de las sociedades científicas establecía que ningún judío podía ocupar cargos directivos en dichas sociedades. Matthias H. Goering, un capitoste nazi y psiquiatra favorable a las tesis de Adler (otro psicoanalista defenestrado por apartarse del credo oficial freudiano, como les pasara también Reich o Jung) se ocupó de ello, y lejos de rechazar la fábula mentalista de Freud, emprendió acciones para la "nazificación" formal de la doctrina freudiana, eliminando de ella lo que consideraba "espíritu judío"; puso en marcha su programa de "arianización del psicoanálisis", que preveía la exclusión de los judíos en las organizaciones psicoanalíticas y la modificación del vocabulario de la doctrina, para lo que contó con la colaboración de psicoanalistas (no judíos). Este último punto es importante en tanto da lugar a una diferenciación que es habitualmente omitida: el antisemitismo nazi actuó contra muchos psicoanalistas judeo-alemanes, pero no por ser psicoanalistas, sino por ser judíos. El programa de "arianización" del psicoanálisis fue realizado progresivamente con la colaboración de psicoanalistas de todas las tendencias: junguianos, freudianos, adlerianos, etcétera. Entre los cambios terminológicos, se impuso la denominación "terapia psíquica de gran profundidad y larga duración" o "psicología profunda" a cambio de los tradicionales "psicoanálisis" o "análisis didáctico".

Hay que decir que esta situación con respecto al psicoanálisis no era exclusiva de Alemania. Édouard Pichon, cofundador de la primera y más antigua asociación psicoanalítica francesa, la Société psychanalytique de Paris, creada en 1926, era por la misma época a la vez psicoanalista y miembro de Action Française, un movimiento de extrema derecha antisemita, a cuyas reuniones acudiría también Jacques Lacan. Pichon, como otros muchos del psicoanálisis francés de la época, buscaba crear una versión del psicoanálisis depurada de sus orígenes judíos. Los psicoanalistas franceses eligieron con este propósito la misma vía que los alemanes: renombrar los conceptos originales, incluyendo la "escotomización", la "captatividad", la "oblatividad", la "esquiznoia" y "la résultante vitale".

Volviendo a Alemania, el impresentable de Ernest Jones, presidente de la IPA, aceptó esa política, y en 1935 presidió oficialmente la sesión de la Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft (Asociación Psicoanalítica Alemana), en la cual se obligó a renunciar a los miembros judíos.

En 1936 el psicoanálisis era tan aceptado por el régimen nazi que se creó el Deutsche Institut für Psychologische Forschung (Instituto de Investigación en Psicología y Psicoterapia Alemán), bajo la dirección del ya citado Mathias H. Goering, primo del Jefe de Aviación, Jefe del Reichstag y eventual sucesor de Hitler, el Mariscal Herrman Goering, quedando los psicoanalistas en el llamado “Grupo de Trabajo A” y siendo la dirección internacional del instituto por un tiempo, asumida por Karl Gustav Jung. En 1936 el relator de asuntos universitarios del partido nazi en Berlín dejó claro que él no cuestionaba el psicoanálisis, sino el hecho de que éste fuera ejercido por judíos. Entre 1936 y 1938 Viktor Frankl, otro notable de la causa psicoanalítica, fue invitado a dictar cuatro seminarios en el Instituto de Goering.

A la derecha, una fotografía de Freud en su estudio de Viena en 1937.

En 1938 Alemania invadió Austria y empezó formalmente la Segunda Guerra Mundial, con lo que las tensiones políticas y sociales se agudizaron. Freud, inteligentemente, se autoexilió en Londres. Distintos personajes destacados del culto freudista intervinieron para que ello se llevara a efecto, sin embargo, fue Anton Sauerwald, un renombrado nazi, quien firmó el visado y sacó a la familia Freud de Viena debido a la admiración que sentía por su trabajo.

Si bien la Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft se disolvió en 1938, los principales líderes psicoanalistas (tras la expulsión de los miembros judíos), siguieron trabajando con el respaldo del Instituto de Goering hasta el final de la guerra. Félix Boehm se encargaba del "tratamiento" de homosexuales de la Wehrmacht y de la Luftwaffe y Werner Kemper (quien más tarde se iría a Brasil a seguir fundando asociaciones psicoanalíticas) de la "selección" de los neuróticos de guerra. Otros psicoanalistas bien avenidos con el régimen fueron Karl Müller-Braunschweig y Harald Schultz-Hencke. El ya citado Karl Gustav Jung, uno de los psicoanalistas que, como Reich o Lacan, posteriormente crearía su propia sectecilla escindida de la freudiana, afirmaba:

“El inconsciente ario... contiene gérmenes creativos de un futuro aún muy prometedor...la raza judía tiene según mi experiencia un Inconsciente, que poco se puede comparar con el ario...El inconsciente ario tiene un mayor potencial que el judío...a mi modo de ver ha sido un error de la psicología médica utilizar categorías judías, que ni siquiera son atribuibles a todos los judíos, a eslavos o germanos cristianos. A través de ello ha condenado el preciado secreto del alma germana, su alma creadora e intuitiva al lodo de un modo infantil y banal, mientras mi previsora voz fue durante decenios sospechosa de antisemitismo. Esta sospecha provino de Freud. El no conocía el alma germana...¿Dónde estaba su fuerza (la del alma germana) y empuje cuando aún no había nacionalsocialismo? Estaba escondida en esa alma germana, en su profunda base que es todo menos el estercolero de los deseos infantiles no realizados y los resentimientos familiares irresueltos...”


Félix Boehm, así como Karl Müller-Braunschweig o Harald Schultz-Hencke, y como la mayoría de los psicoanalistas metidos en harina durante este período fueron nuevamente admitidos en la Asociación Internacional de Psicoanálisis entre 1947 y 1953, porque, total, aquí no ha pasado nada y pelillos a la mar. Pero mientras tanto, basta con leer cualquier panfleto psicoanalista para encontrarnos con que, en la Alemania nazi, "Todo lo relacionado con el psicoanálisis y la figura de su creador, Sigmund Freud, era motivo de persecución", "el nazismo incorporó en su programa la destrucción radical del psicoanálisis" y demás manipulaciones de los hechos. De hecho, no hace falta buscar mucho para, pese al oportunismo que se desprende de todo lo dicho hasta ahora, encontrarnos con alguna afirmación en sentido contrario: que el nazismo se quiso apropiar del psicoanálisis por la "evidente e indiscutible" utilidad de sus "descubrimientos". Miles de personas fueron perseguidas y asesinadas, miles de ellos por el hecho de tener ascendencia judía. Unos puede que, además, fueran psicoanalistas, y otros, miembros de la junta vecinal de su barrio, pero no fue por esto último por lo que les persiguieron. Son terribles estas muertes y es canalla y repugnante pretender instrumentalizarlas para presentar el timo del psicoanálisis como una "ciencia" perseguida por los autoritarismos.

Por supuesto, no todos los psicoanalistas eran así de "flexibles", otros iban mucho más allá, para muestra, léase sobre Rudolf Von Urbantschitsch en http://andreaestrada.academia.edu/MauroVallejo/Papers/1517872/Psicoanalisis_y_eugenesia_Apuntes_para_una_historia_olvidada._El_ejemplo_de_Rudolf_von_Urbantschitsch

martes, 6 de marzo de 2012

La Vía Láctea y otras constelaciones (familiares)

Pasemos ahora a otra de las "Actividades Formativas" con las que tiene a bien obsequiarnos el COP-CV (CGCOP) a los colegiados, las Constelaciones Familiares. Por supuesto, con expertos de primera linea, de instituciones tan reputadas como la Asociación Española de Constelaciones Familiares, qué menos.

La terapia de Constelaciones Familiares fue fundada por Bert Hellinger, ex-sacerdote católico interesado en sus inicios por el psicoanálisis (¡cómo no!), en el que se formó en la Escuela de Viena, y en otras pseudopsicoterapias igualmente desacreditadas, como la Terapia Primal (de la que hablaré en otro post), pronto decidió que había descubierto (él solo) la verdad sobre la psicología humana. Su terapia incluye invenciones (perdón, quise decir "descubrimientos") de otro psicoanalista famoso, Jung, como el "inconsciente colectivo".

En http://charlatanes.blogspot.com encontramos una breve descripción de sus ideas y como hoy estoy cansado (un par de bandidos me amenazaron a punta de pistola, obligándome a intentar razonar desde un punto de vista científico una obra de Freud sin descalificarlo) y después de un esfuerzo así, o simplemente, de leer algo sobre psicoanálisis, a nadie se le queda la cabeza como para pensar racionalmente, voy a usar su descripción, que creo que cubre sobradamente el expediente: "Según Hellinger, las familias están formadas por "energía" que conecta a los miembros del grupo (no dice qué energía ni cómo lo sabe). Según él (a partir de sus años como misionero entre los zulús, probablemente) los grupos "primitivos" conocen el orden de ese sistema, pero nosotros, los modernos tontos, hemos olvidado ese conocimiento ancestral que él ha redescubierto y que ayuda a darle salud y resistencia a todos. La terapia de "constelaciones familiares" pretende reinstalar en la red energética a los miembros que se han excluido y restaurar el "orden natural". Bueno, como se puede ver, la cosa promete ser de lo más burrinteresante. Señalaré aquí que el "terapeuta" recibe el nombre de "constelador", y su misión es la de "constelar" los problemas de las familias objeto de su intervención.

Sigamos pues: "Según Hellinger, estas misteriosas energías que vinculan a los miembros de la familia son capaces de hacer cosas muy extrañas. Todos sabemos que los menores tienden a imitar a los mayores (por eso las sociedades buscan establecer "modelos de conducta" adecuados, aunque luego a los jóvenes les parezca más emulable Marilyn Manson que Justin Bieber), pero Hellinger asegura (sin decirnos por qué) que esa emulación o imitación, debida a la tremenda energía misteriosa, puede llegar a cosas como que una niña desarrolle la misma enfermedad que una tía suya que fue excluida de la familia, o que uno puede incluso estar afectado por una desgracia juvenil secreta de un abuelo al que ni conoció porque murió antes de nacer uno."

En la misma linea va lo que puedo leer en http://www.constelacionfamiliar.com/, un sitio a favor de esta pseudopsicología: "Un papel importante en esto [se refiere a los problemas familiares] muchas veces lo juegan las personas que han sido olvidadas, a las cuales se ha echado tierra o que no tuvieron luto. Aun cuando no eran conocidos por las generaciones sucesoras, ellos siguen viviendo en el inconsciente familiar tal como en el individual", según Hellinger los problemas cotidianos no tienen importancia, dado que muchos comportamientos actuales de la persona no son explicables desde su situación actual, sino que se remontan a distintos sucesos o vivencias de sus padres o antepasados más lejanos. Casi nada lo del ojo...

o_O

En fin, dejo un enlace relacionado con un suceso reciente por si alguien (o alguno de sus ancestros a través de él/ella) quiere seguir leyendo sobre el tema: http://lacienciaysusdemonios.com/2011/11/26/la-universidad-de-granada-retira-su-apoyo-a-un-curso-sobre-pseuociencia/#more-22236

Nota a pie de página: la Vía Láctea no es una constelación, sino una galaxia, pero me pareció que el título quedaba bien así.

miércoles, 29 de febrero de 2012

El final de una ilusión

Hace no mucho tiempo, John Beddington, asesor científico en jefe del Gobierno británico, decía: "Somos intolerantes, y con razón, con el racismo. Somos intolerantes, y con razón también, con quienes (están) contra la homosexualidad... No somos intolerantes -y creo que deberíamos pensar por qué hacemos esto- con la pseudociencia, la construcción de algo que pretende hacerse pasar por ciencia mediante la selección de los hechos y el mal uso de la pruebas y el método científico", fue en Londres el 3 de febrero de este año. De acuerdo con él la pseudociencia es "una influencia cada vez más perniciosa" que "puede minar seriamente nuestra capacidad para hacer frente (racionalmente) a problemas importantes", riesgo ante el cual él aboga por la intolerancia. "Os ruego, y este es un extraño mensaje final, a que cuando salgáis seáis mucho más intolerantes", concluyó su intervención. (http://www.laicismo.org/detalle.php?tg=486&pg=1&pk=5012#ppal)

Durante demasiado tiempo ha existido una actitud políticamente correcta de laissez faire hacia las pseudopsicoterapias y tratamientos alternativos. Una parte importante de la sociedad contempla pasivamente el desarrollo de los acontecimientos. Los médicos callan ante el ejército de homeópatas, quiroprácticos, osteópatas y psicoanalistas, entre otros. Recordemos que la cuna de la mayor parte de estas creencias se encuentra, precisamente, en la medicina, médicos fueron y han sido sus impulsores y también lo son en buena medida sus principales defensores. Freud, Adler, Reich, Jung y Lacan, por citar solo a algunos de los adalides de la pseudociencia, eran médicos. No se me ocurre justificación para semejante desidia, sobretodo teniendo en cuenta que es la sociedad la que paga en sus carnes los pecados de esos "hijos bastardos" de la medicina.

Para ilustrar la manera en la que han calado en la sociedad este tipo de mitos, me remito a dos artículos de la década de 1990, esto es, no hablamos de la Edad Media ni de etapas de la Historia en la que prime el oscurantismo, sino antes al contrario. En ellos podemos ver cómo, pese al conocimiento y reconocimiento de la naturaleza eminentemente caprichosa de una de las principales pseudopsicologías, el psicoanálisis, los autores no pueden romper con el imperativo de intentar salvar lo que un cierto establishment cuyas raíces se encuentran en la medicina y en una de sus especializaciones, la psiquiatría, ha alzado como credo. Como otras pseudopsicologías basadas en el humo "se intenta cubrir con mucha verborrea la falta de información de sus explicaciones sobre lo que presentan. Cuando se profundiza un poco, se observa que, en realidad, no están diciendo nada aunque utilicen muchas palabras" y apenas se entretienen en explicar cómo saben, sus creyentes, que son ciertas. Estos dos artículos repasan algunos de los bulos, fraudes, contradicciones, e incoherencias en los que cae la "ciencia" de Freud, pero pese a ello, se aferran al beneficio de la duda para no molestar a los adoradores del cadáver mediático que supone. El primer ejemplo lo tenemos en el diario El País, con fecha de 1993. El artículo lo podemos descargar aquí:



El segundo texto, de algunos años más tarde, 1997, procede del diario La Vanguardia, artículo que podemos descargar aquí:



Un ejemplo más de lo difícil que resulta erradicar la irracionalidad una vez hemos permitido que se instale en la mitología popular...