En el post anterior hacía alusión a una carta publicada en el diario El País en 2006. Movido por la curiosidad, he buscado información sobre el asunto, encontrando que, vaya memoria la mía, ese año fue el 150 aniversario del nacimiento del más insigne, nunca suficientemente alabado, esplendoroso, deslumbrante, genial, conquistador de mundos, magnífico, sobrehumano, alta cumbre del intelecto, generalísimo de todos los ejércitos, líder de acero, maestro de las Ciencias, las Artes y Letras, único milagro del mundo conocido y una larga e interminable serie de títulos más, ese personaje llamado Sigmund Freud. Al parecer un provo cerebrín de piripitifláutica inteligencia tuvo a bien brindar por ello como se merece, con fuegos artificiales y baile de máscaras, como puede leerse para enterarse del asunto en el siguiente enlace: http://golemp.blogspot.com/2006/05/freud-nos-mira-desde-sus-cuencas-vacas.html
Pero claro, los pérfidos del contubernio de Munich y la conspiración judeo-masónica, envidiosos como siempre, respondieron, blasfemos, sin bajar el testuz ante la divina omnipresencia de Freud, como Dios manda. Para muestra, un botón:
Válgame Dios y bálame la oveja, cómo se atreve, pordioxanto, arderás en el infielno. Todos los buenos feligreses a una, saltaron contra el hereje Morgado, al objeto de defenestrarlo por tan pecaminosas palabras, cuando, va y salta otro de estos impuros del Árbol del Bien y del Mal, cual serpiente tentadora, para desviar a las rectas conciencias (e inconsciencias) del sagrado camino que señaló el Maestro:
Ah, a dónde vamos a ir a parar, ya veo que será lo siguiente: afirmar que la tierra es redonda y que no hay dios en el cielo, ¡habrase visto, descarados!