domingo, 11 de marzo de 2012

Santa Anna, la Sagrada Virgen de Viena

Vamos con las astillas del palo. Bien pronto apuntaba la Iglesia Psico-Analítica (IPA) a un conflicto entre la dedocracia y el establecimiento de una dinastía de jerifaltes basada en lazos de sangre, pero no pudo ser esto segundo. Al nunca suficientemente loado y alabado Sigmund Freud, El Grande, le siguió su sexta hija, Anna Freud, como Papisa a la cabeza de la Iglesia. Pero ahí acabó la cosa. ¿Cómo pudo ocurrir tamaña tragedia?

Apesadumbrado y perdido, he buscado las respuestas en un documental de la BBC, The Century of the Self, de cuatro entregas. El documental recoge el testimonio de un nieto de Dorothy Burlingham, quien tiene un papel importante en esta historia.

Empecemos por el principio, para entender la génesis del asunto. Un primer testimonio singular lo encontramos en el episodio 3, donde aparece una de las hijas de Wilhelm Reich (el cazador de OVNIs), Lore Reich Rubin, hablando sobre el agrio enfrentamiento entre su padre y Anna Freud en la década de 1930: "Mi padre pensaba que deberías liberar la libido [se refiere a una misteriosa "energía sexual" la cual es dogma de fe en la religión psicoanalítica] y tener libertad. Y él desarrolló una teoría en la que la neurosis se debía a la carencia de un buen orgasmo o de cualquier orgasmo. Y eso es,... Anna Freud, ya sabe, es virgen, quiero decir que eso es muy importante, porque ella nunca tuvo relaciones sexuales con un hombre y aquí estaba este hombre predicando que el camino hacia la salud es mediante el orgasmo y aquí estaba esta mujer que había sido analizada por su padre porque se masturbaba. Así que aquí tenemos a esta mujer que era realmente contraria a la sexualidad y aquí está este hombre que predicaba la libertad sexual. Quiero decir, estaban destinados a enfrentarse." Este dato es singular, sin duda. En el artículo sobre nuestra Santa Anna en Wikipedia, queda recogido que nunca tuvo relación de pareja conocida, ni amantes ni perrito que le ladre (bueno, perrito sí, vale). Tuvo pretendientes, casi todos ellos adeptos del psicoanálisis, que sin duda veían en ella un buen partido dada su familia, pero todos fueron rechazados, unos por ella y otros por su padre. Por su parte cita que desde 1918 (con 23 años) hasta 1922 estuvo en "psicoterapia" con su superpadre "con una frecuencia de seis sesiones semanales. Freud centró este análisis en las fantasías y ensueños de flagelación como inhibidores del trabajo intelectual." No sabemos si es la misma tanda "psicoterapéutica" aludida por Reich (hija) u otra. En cualquier caso parece que ante los libidinosos deseos de su hija, la misma fue sometida a análisis, lavado, centrifugado y aclarado cerebral por parte de superpapá, y claro está, después de semejante "amonestación", a la pobre no debían quedarle muchas ganas de ponerse un dedo encima para los restos.

Esto me trae a la memoria el ya famoso affaire de Freud (padre) con Minna Bernays, la hermana de su mujer, Martha Bernays. El primero que dio noticia de tal triángulo amoroso fue según mis datos Jung, el amado delfín, siendo según él uno de sus motivos para romper con el Maestro. Con posterioridad el tema ha sido tratado y estudiado de manera repetida, y Onfray en su reciente ensayo (El crepúsculo de un ídolo. La fábula freudiana, 2010) lo da finalmente por cierto. Esto viene a que la puritana obsesión con Anna quizá sea en resarcimiento con aquello (una interpretación muy freudiana, seguro que gusta, el que no haya pruebas da igual, después de todo estamos hablando de psicoanálisis y psicoanalistas). También tiene relación la legión de bocachanclas que cantan las glorias del psicoanálisis como "absolutamente determinante" en la liberalización del sexo del siglo XX. Lo cual a su vez tiene relación con Dorothy Burlingham, antes citada. Esta mujer empezó a recurrir a Anna Freud como psicoanalista en su juventud, sometiendo también al mismo suplicio irracional a sus hijos. Terminó viviendo con ella el resto de su vida, lo que ha dado lugar a pensar que siendo amigas tan "amigas", igual había alguna relación romántico-sexual entre ambas, pero, ¡vade retro, sexo!, la buena de Anna se encargó siempre de negarlo. Su sexualidad estaba tan, tan liberada gracias al psicoanálisis, que se había ido de viaje dejándola a ella en casa. Aunque todo tiene su lado bueno: es muy probable que una de las razones para negar esa relación fuera la posibilidad de que su padre saliera de la tumba, estremecido por los nefandos pecados confesos de su hija y la sometiera de nuevo a su salvífica "terapia". Así que hemos de agradecerle a Anna que el Maestro siga criando malvas. Como dijera Fonollosa, el poeta, "...tras consumida mi ración de este guiso indigerible. Otra vez no. Una vez ya es demasiado."

Pero esta historia es también la de otro de los grandes éxitos de la familia Freud. Anna tuvo bajo "terapia" a Bob y Mabbie, dos hijos de Dorothy. Con resultados espectaculares, por supuesto. El nieto de Dorothy Burlingham, e hijo de Bob, Michael Burlingham, al que aludíamos al principio del post hace su aportación en el episodio 2: "En el caso de mi padre,... ellos estaban preocupados de que fuera homosexual de modo que gran parte de sus esfuerzos iban dirigidos a prevenir o evitar que mi padre llegara a ser homosexual. Si lo podría haber sido, o era... es desconocido para mí". Continuaron en terapia en su vida adulta, siendo ejemplos del poder de la Santa Virgen de Viena y su aliado, el Sagrado Psicoanálisis. Dos personas moldeadas desde la infancia y supervisadas de acuerdo con las teorías de un cuento de hadas. Todo un éxito. Los matrimonios de ambos se fueron a pique. Bob se había convertido en un alcohólico y Mabbie estaba cada vez perturbada. Prosigue el nieto: "El problema era que no parecía que se encontrasen muy bien, ¿no? porque sufrían depresiones nerviosas y alcoholismo. Eso no es realmente... estar bien... Desde el punto de vista humano esto no es deseable, tú quieres ayudar a esta gente pero también tiene un amplio número de implicaciones y todo el mundo del análisis, en los círculos analíticos, sabían que Bob y Mabbie eran piezas clave. Ellos eran la prueba viviente de que este era un proceso maravilloso. Pero se quedó escondido, no salió a la luz. Quiero decir, que esta gente tenía tal poder e influencia que... ya sabe, tenías que ir con mucho cuidado, Anna Freud era una persona muy poderosa. Y tú eras el nieto y ella sabía bastante más que tú sobre lo que ocurría en la vida de tus padre y todo eso, y no era algo con lo que pudieses meterte, aunque tú fueses producto de esa situación. Y al mismo tiempo, todos sabíamos que aquello era realmente una locura."

Bob murió a causa de su alcoholismo en 1970, y en 1973 su hermana Mabbie se suicidó en la casa de Anna Freud. Todo un exitazo. Anna falleció en 1982, tuvo tiempo de verlo todo.